Pedagogías De-Coloniales
- 3 may 2015
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Debo partir diciendo que todo proyecto pedagógico es político, no existe la neutralidad. O formamos y nos formamos para la libertad, para la emancipación, para la reivindicación de nuestros países desarraigados o nos deformamos en pos de la tiranía del mercado y las clases dominantes.
En el capítulo GIRO DESCOLONIAL escrito por Alejandro De Otto se encuentra asidero a las disertaciones que expresaré a continuación, ya que se fundamenta mi pensamiento en la propia experiencia como alumna y como educadora, sometidos a toda clase de cambios que perpetran atroces desmanes en el pensamiento pedagógico del maestro en Latinoamérica, es importante recordar que “Colonización es un término que se utiliza en distintos contextos, pero siempre con el sentido de indicar la población u ocupación de un espacio. Se utilizaba originalmente para describir hechos y procesos históricos. Sin embargo, la biogeografía del siglo XIX extendió su uso para describir ese tipo de relación con su ambiente de todo tipo de seres vivos (animales, plantas, microorganismos, etc.)
Desde el ámbito colonialista, colonización es la acción de dominar un país o territorio (la colonia) por parte de otro (la metrópoli). El proceso de colonización puede ser de carácter económico, político, militar, cultural, o presentar otras manifestaciones; así como desarrollarse de forma violenta o pacífica”[1].
Por tanto la educación (o formación) de toda América Latina y de una mayor parte del mundo no ha salido de la “colonización”, toda vez que organiza sus proyectos y programas legitimando las producciones de la sociedad de occidente, homogenizando los procesos aun cuando les llamemos contextualizados; concretamente, en los programas y carreras de formación superior se difunden y en el mejor de los casos se recrean la cultura, la tecnología, la ciencia y el conocimiento de una sola sociedad: la moderna. En el proceso de formación docente, de la misma forma se difunden y se recrean prácticas y teorías educativas basadas en la cultura y el conocimiento de occidente, de esta forma podríamos dar una respuesta acertada al interrogante: ¿ cual es la pertinencia de la epistemología de la decolonialidad en la producción del conocimiento de los educadores latinoamericanos en y para América Latina y el Caribe y la? Retomando las palabras iniciales de este escrito y saber que el pensamiento y la construcción del conocimiento no está desligado de las implicaciones políticas y económicas de cada país, y no por encontrarse inmersos en esta sino porque la educación hoy por hoy encierra un objetivo político implícito y es el de legitimar un solo tipo conocimiento, una sola tecnología, una forma de ver el mundo, una sola fe, una sola forma de organización social, política o económica y, en el caso de los programas de formación docente, una sola educación. El caso específico de legitimar una sola educación, también responde a un proyecto político que da continuidad a la hegemonía de los grupos de sociedades (empresas) y países (“grupo de los ocho”) que dominan el mundo, ya que con la legitimación de su cultura, su tecnología, su ciencia y su conocimiento aseguran su dominio.
La continuidad de este proyecto político es posible gracias a que, los centros de formación docente, en colegios, escuelas y universidades siguen desarrollando una formación mono-cultural, mono-científica o mono-epistemológica. Esta forma de hacer formación (o educación) es un trabajo anexo a la hegemonía política, social y económica de la sociedad moderna de occidente; o sea que, la hegemonía cultural, científica y epistemológica también garantiza la dominación del occidente moderno; es decir, dominación sobre los grupos humanos, pueblos y culturas del mundo. Lo que nos centra en que de alguna forma ningún país latino ha dejado de ser “colonia”.
Desde siempre, la educación tuvo como propósito la dominación y control político y social y más aún en América Latina y el Caribe; por eso, ha sido organizado (configurado) para continuamente hacer vigente la cultura de occidente, su civilización y, en el ámbito de la formación profesional, su práctica científica, su conocimiento o su epistemología. Hasta antes de la aceptación de la diversidad (y la pluralidad), esta realidad no estaba siendo cuestionada, ya que era demasiado habitual formarse en la cultura, la ciencia y la epistemología moderna o de occidente.
La emergencia de la diversidad en todo el territorio da cuenta de que ya no es posible formar (o educar) en una sola cultura, ciencia o conocimiento, ya que la diversidad cultural, étnica o lingüística también compromete la diversidad en el ámbito de los conocimientos (diversidad de saberes o ciencia) o la diversidad epistemología (diversidad de formas de hacer conocimientos); además, esta diversidad también está ampliado a las formas de comprender la realidad (diversidad ontológica). Por tanto, la educación para un Estado plurinacional ya no puede dar continuidad a la educación (o formación) moderna de occidente y, por tanto, debe empezar por asumir una nueva perspectiva formativa distinta, donde de seguro se debe profundizar la diversidad en lo epistemológico y en lo científico. Es aquí donde el verdadero pensamiento pedagógico debe surgir y propiciar una retórica propia que nos lleve a la mediación del conocimiento acorde con los procesos políticos y sociales que nuestros pueblos han vivido acorde con las posibilidades de sustentabilidad de los proyectos y de reivindicación de nuestra cultura mancilla y empobrecida por la copialina de los modelos extranjeros. Cuando podamos lograr una conciencia propia y la construcción de una postura pedagógica igualmente propia habremos triunfado en la descolonización.
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Colonizaci%C3%B3n: documento recuperado en abril 27 de 2015.

















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