Narrativa de las Practicas Pedagógicas
- 3 may 2015
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En un mundo ideal desde el punto de vista de lo de pedagógico el maestro ideal debería comportarse en todo momento con ajuste a los valores socialmente ambicionados puesto que siempre va a ser un modelo a imitar para los niños y jóvenes a su cargo e incluso para los padres que ven en el no solo al docente sino al guía que puede apoyar los procesos formativos de sus hijos, más aun cuando nos desenvolvemos en comunidades poco favorecidas, donde el maestro es también lo más cercano a la erudición que la población ha tenido. Aun cuando surjan conflictos o problemas, tanto en el aula como fuera de ella, tendría que estimular el debate entre los niños para estimularles a pensar por sí mismos en las consecuencias de sus actos y sus palabras, un mediador y en mi propio argot un “oportunista” donde cada momento se convierte en el espacio propicio de formación por muy negativa que sea la situación acaecida. Por otra parte, tendría que tener capacidad para modificar su metodología si no consigue captar la atención de los niños, para mantener a todos con un alto nivel de motivación.
En resumen, el maestro ideal, desde mi punto de vista, será aquel que comprenda a cada niño en su individualidad y sepa ser el guía de todos para enseñarles a aprender por sí mismos.
Pero debo anotar que el maestro ideal es sólo ideal, los reales los de carne y hueso debemos enfrentarnos constantemente a las situaciones adversas que nos presenta el medio, aprovechar las favorables y hacer de ellas nuestro estandarte, no me identifico con ese maestro cómodo que convierte sus clases en el refugio a su pereza y a la desidia del sistema, trabajo fuertemente por:
Dominar los saberes, contenidos pedagógicos propios del ámbito de enseñanza; provocando y facilitando el aprendizaje.
Utilizo su criterio profesional para discernir y seleccionar los contenidos y pedagogías más adecuados a cada contexto y a cada grupo. Tengo en cuenta los parámetros legales, curriculares y contextuales.
Trato de comprender la cultura y la realidad locales, desarrollando primordialmente una pedagogía activa, basada en el dialogo y la vinculación teoría-práctica.
Investigo, como modo y actitud permanente de aprendizaje. Es el aula de clases no solo el espacio de transmisión de conocimiento sino donde puedo elaborar mis propias teorías y métodos para decir que ejerzo una práctica pedagógica mas acertada.
Reflexiono críticamente sobre mi papel y la práctica pedagógica.
Trato de detectar oportunamente problemas de cualquier índole: sociales, familiares, afectivos, de aprendizaje y acudo a las instancias competentes pero luego de haber transitado por el filtro de mi apoyo.
Ayudo a los alumnos a desarrollar los conocimientos, valores y habilidades, sintiendo que ellos también hacen parte de mi crecimiento personal y profesional.
Ayudo a sus alumnos a desarrollar cualidades consideradas indispensables para el futuro, esto es una indagación constante con el medio, con la aplicación de las pruebas saber, con la interpretación de los contextos y de las necesidades de la comunidad donde me desempeño.
Me acepto como "aprendiz permanente" y me transformo en "líder del aprendizaje” mas no soy el protagonista. No podría permanecer en la zona de confort porque no generaré impacto en los estudiantes por ende no habrá transformación de sus realidades.
Estoy abierta a la incorporación y al manejo de las tecnologías, pero reconozco que no son el único recurso que tengo a mi favor.
Trato de informarme regularmente, gracias a los medios de comunicación y otras fuentes de conocimiento, todo puede llegar a ser un eje generador de conocimiento, debate y sano desequilibrio para generar saberes.
Preparo a sus alumnos para seleccionar y utilizar críticamente la información.
Propicio nuevas y más significativas formas de participación de los padres de familia y la comunidad en la vida de la escuela.
Estoy atento y soy sensible a los problemas de la comunidad, me siento su igual y no quien ha llegado a hacer un favor, cuando son ellos quienes me apoyan indirectamente a ser cada vez mejor.
Por tanto trato de ser un tanto diferente para cada persona, porque cada uno esperará cualidades que respondan a las demandas que cada individuo necesita. Es decir, cada personalidad necesitará un profesor ideal diferente. Trato en lo posible de mejorar las condiciones del ambiente escolar con la creación de un escenario propicio para el desarrollo de esquemas cognitivos por parte del alumno.
No quiero manifestar con este escrito que he llegado a la perfección de mi praxis, por el contrario encuentro que mi madurez pedagógica apenas inicia y que se transforma de una forma tan vertiginosa que me permite reinventar no solo a la maestra sino al ser. La praxis actual la comparo con los vuelos de un piloto, los primeros vuelos fueron inseguros aunque no lo demostraba pero después de un tiempo las condiciones ambientales y el encuentro con la maquina real dio la resultante de la pericia con que se sortean turbulencias, neblina y cualquier otra adversidad, desarrollando la recursividad y el aplomo porque en las manos del piloto esta no solo el avión sino la vida de los que van a bordo: mi aula es mi pequeño pero gran avión, donde cada niño confía en mi más de lo que podemos llegar a imaginar tanto sus padres como las directivas del plantel, los pares académicos e incluso yo.
He iniciado un trabajo arduo conmigo misma dentro de mi praxis, me alejo de los paradigmas bajo los cuales fui enseñada y de los que observo que aún tienen vigencia subyacente en la escuela, me esfuerzo por:
Tengo altas expectativas de mis alumnos, de su escuela y de sí misma. No pienso en términos de limitaciones, sino de certeza de potencial.
Estoy convencida de la gran capacidad de aprendizaje de los niños. Si alguno de los alumnos no está obteniendo los resultados esperados, cuestionaré mi propia manera de enseñar, antes que la capacidad del niño de aprender. Incluyendo a los niños con necesidades educativas especiales, este no es mi fuerte pero si es parte de mi sensibilidad.
Aun Busco adaptar la práctica educativa a los alumnos, porque reconozco en ellos a personas con diferentes intereses, habilidades y aptitudes. Al mismo tiempo, procuro propiciar entre los alumnos la tolerancia y respeto a la diversidad. No juzgo -ni permitirá que nadie más juzgue- a una persona, sea niño o adulto, por sus diferencias culturales, raza, género o credo. Quiero abrir el mundo para mis alumnos, desde el salón de clases, para ayudarlos a convertirse en ciudadanos de un mundo global.
Sé que las tareas son un medio de comunicación con los padres y una forma de establecer hábitos de estudio, y que no es necesario trabajar por horas cada día para lograr estos objetivos. Pero aun debo trabajar para ser más moderada al encomendarla y así evitar la frustración cuando no logro la participación de los padres en el acompañamiento a estos deberes escolares. Busco actividades que verdaderamente propicien el pensamiento crítico y no la repetición sin sentido.
Resalto lo positivo de los alumnos, tanto en lo académico como en lo personal, y trabajo con ellos para mejorar, de manera constructiva, las áreas de oportunidad de cada uno. Propicio actividades de aprendizaje donde cada alumno tiene la oportunidad de descubrir, investigar y construir pero me enfrento a la desidia de los pares académicos y transformar las culturas institucionales tan arraigadas dificulta aún más la labor, lo que en ocasiones me frustra e incluso ha llegado a desmotivarme.

















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